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febrero 08, 2005

Million Dollar Baby

050126_dollar6 Salgo del cine con esa sensación de plenitud que se siente después de ver una gran película. Desde hace tiempo, su director, Clint Eastwood, casi de puntillas, tal vez sin el clamor mediático de otros directores americanos, nos presenta una tras otra, obras bien construidas, de una arquitectura y un ritmo narrativo perfectos, magníficamente dirigidas e interpretadas, en las que se nos cuentan historias que nos interesan y emocionan de principio a fin. A mí eso me ocurrió desde que vi "Bird" (1988), una especie de biografía sobre el gran pianista de jazz, Charlie Parker.

Pero después han sido muchas otras. La última vez, "Mystic River"(2003), con un fabuloso Sean Penn de protagonista junto a un no menos fabuloso Tim Robbins. Dios los cría...

La filmografía de Eastwood como director parece como una especie de desmentido de la filmografía de Eastwood como actor. Hay algo que no encaja. Es, la de ahora, como una suerte de rectificación, de radical cambio de rumbo desde la banalidad hacia la reflexión e incluso como en este caso, hacia el debate social sobre aspectos muy complejos, como el derecho a la propia muerte, especialmente difíciles en el seno de la sociedad norteamericana, tan puritana ella y tan hermética.

Estoy hablando de "Million Dollars Baby", la increíble biografía de una boxeadora (interpretada maravillosamente por una portentosa Hilary Swank) y su manager (Clint Eastwood), y el cruel desenlace de una fugaz pero meteórica carrera deportiva, en un mundo casi exclusivamente masculino.

No es una película más de boxeo. Es la película del lado posterior del boxeo, incluso del lado redentor y positivo de ese controvertido deporte, como ámbito de todas las miserias, pero como lugar también en donde las personas se superan a sí mismas adquiriendo una técnica precisa, que le exige un afán de superación diario auténticamente extraordinario.

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Las comparaciones se hacen evidentes con nuestra "Mar adentro". La joven desoye por un instante el repetido consejo de su manager de protegerse en todo momento, y un puñetazo traicionero le produce una lesión irreversible que la condena en el mejor de los casos a una silla de ruedas. El derecho a la muerte digna, la lúcida exigencia de no seguir viviendo en determinadas circunstancias, la cerrazón absoluta del estado y de la iglesia ante ese deseo, son elementos comunes entre ambas.

El personaje interpretado por Eastwood, que a lo largo de la película ha exhibido unas dudas morales permanentes, da el paso hacia delante y ayuda a morir a su pupila en lo que entre ellos es, sin duda, un último acto de amor.

Sólo he leído la hermosa crítica de Quim Casas en El Periódico de Cataluña. Me parece cabal y exacta. Destaco para vosotros este fragmento con el que estoy milimétricamente de acuerdo:

"Eastwood es la coherencia personificada, y Million dollar baby es otro jalón, quizá de los más contundentes y a la vez emotivos, en una carrera que ha debido forjarse a contracorriente de los prejuicios tanto de la crítica como del público. Eastwood no rueda como rueda y cuenta lo que cuenta por inspiración divina. No lo hacía igual de bien en sus inicios, pero ese clasicismo del que hoy aparece imbuido es el fruto de la constancia y de una visión del mundo honrada. No ha cambiado por que sí. Ha evolucionado como creador y se ha ganado a pulso el respaldo del que hoy goza desde la plenitud de quien ha alcanzado la pureza de su arte."

Comentarios

FENOMENAL........UN PELICULON...........

Espero que hayas disfrutado de tu visita al cine; me arriesgo a decir que lo has hecho ;)

Aún no he visto esta última, pero leyéndote has hecho que me urja. Mystic River me gustó muchísimo, excepto Sean Penn, me recordaba demasiado a Al Pacino; espléndido Tim Robbins.
Por cierto, tienes unas fotos de mi ciudad que me han gustado mucho.
Un saludo, y gracias por la visita. Ahora seguiré repasándote, porque lo que he visto me gusta.

The million dollar baby, de Clint Eastwood. A favor: Eastwood casi siempre sabe imprimir su propia personalidad a las películas que filma, aunque a veces le traicionen sus excesivas ínfulas. También cuenta con la interpretación oscarizable de Hilary Swank. En contra: La película trata de un tema en principio poco atractivo, salvo para voyeurs contumaces: el proceloso mundo del boxeo femenino. Swank, ex-Kárate Kid 3, ya ganó un óscar por la polémica Boys don’t cry.
Extraído de Luces de Babilonia | www.bestiario.com/luces

Me ha gustado tu blog: tus comentarios y tus fotos.
Un beso

Disculpa, Roberto, que haga aquí un comentario sobre una de tus galerías fotográficas; pero entenderás que no hay un lugar verdaderamente apropiado para opinar sobre ellas (dentro del blog, claro).
La galería es la de “Seres desconocidos”. Tus fotografías, quiero decir incialmente, me han gustado muchísimo —la creativa espontaneidad de la fotografía del japonés, por ejemplo—, y sobre todo los pies que les has escrito a algunas de ellas (no los leí todos) —especialmente el del adolescente punkie dormido—. Me hiciste recordar a un amigo mío muy querido, Juan Pablo, que gustaba de fotografiar a personas dormidas. En ese tiempo yo lo reprendía diciéndole que violaba la privacidad de esas personas, aunque estuviesen en lugares públicos. No me parece un tema tan sesudo de tratarse, pero ¿qué opinas? Me parece una especie de voyeurismo al aire libre.

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LIBROS

  • Fréderic Beigbeder: Windows on the World
    Comienza a escribirse sobre el 11 de Septiembre. En "Windows on the World" (Anagrama), prepotente nombre del restaurante situado en la última planta del no menos inmodesto y ya destruído World Trade Center de Nueva York, el escritor francés Fréderic Beigbeder trama y teje una relación entre esa altura y la de "Le Ciel de París", desde donde escribe, en la Torre de Montparnasse. En el libro se reflexiona sobre aspectos de nuetra vida, pero, sobre todo, es el conmovedor relato de las peripecias de un ejecutivo que ha ido a desayunar con sus pequeños hijos a ese lugar. La situación recuerda a la del personaje de "La vida es bella". Ante sus hijos, horrorizados por la situación, mantiene que se trata solo de una simulación y que todo eso pasará muy pronto. Es curiosa la estructuración de la novela. Cada capítulo es un minuto de los 105 que transcurrieron entre el impacto del avión y la caída de la Torre Norte. Más que una gran novela, es la prometedora entrega de un escritor no menos prometedor.
  • Bernardo Atxaga: El hijo del acordeonista

    Bernardo Atxaga: El hijo del acordeonista
    (Alfaguara) Un libro magnífico, en la línea narrativa de anteriores novelas de Atxaga. La guerra civil, tan real ella, y los paisajes de Obaba, tan líricos y estlizados, vistos desde California en un relato atrapador, hecho de retazos que terminan uniéndose en un puzzle perfecto. Este novelista ha conseguido lo más difícil: una escritura vigorosa, reconocible y propia.

  • Michel Houellebecq: Plataforma
    De este joven escritor francés ya conocía su "Ampliación del campo de batalla", que me había dejado indiferente. Cuando leí "Plataforma" (Anagrama), anduve varios días con los ojos como platos. Creo que es una novela interesante, pero, sobre todo, una reflexión impertinente, provocadora, que descoloca por su claridad y valentía, y que lleva implícita una toma de posición ideológica por parte del lector. Contiene el alegato más radical que he leído contra el Islam (por eso ha sido un escándalo en su país), y para quienes provenimos de las remotas regiones del marxismo supone una revisión de lo que queda de nuestro pasado mental. Lo he regalado muchas veces y casi nadie ha sabido qué decirme. Algunos/as creo que no me saludan.
  • Paul Auster: La noche del oráculo
    (Anagrama) El mejor Auster. Nuevamente. Ese que consigue que los dedos se te peguen al libro. Ese que hace que maldigas el tener que levantarte por la mañana y no puedas seguir leyendo. Ese que, sin pedantería, reflexiona escribiendo sobre el hecho de escribir. Ese que ha revitalizado a escala planetaria los conceptos clásicos de la intriga y la progresión en el relato. Ese que describe personajes de carne y hueso en situaciones inverosíles, y unos y otras se hacen creíbles para el lector. Ese que ha recogido lo mejor de la literatura norteamericana y la ha mezclado con su formación clásica, europea. Lee este libro ya.
  • James Gavin: Deep in a Dream. La larga noche de Chet Baker
    Si yo fuera Chet Baker y leyera mi propia biografía escrita por James Gavin (Reservoir Books) supongo que me removería en la tumba. Un lector normal, y, sobre todo, vivo, se quedaría de piedra ante las peripecias contadas en un libro que relata con todo lujo de detalles el implacable y larguísimo proceso de autodestrucción de uno de los mejores músicos de jazz de todos los tiempos. Desde su origen familiar a las misteriosas circunstancias de su muerte, pasando por el calvario (para él y para que los le rodeaban) de su adicción a las drogas, todo en el libro es extremo. Como extremo es el biografiado mismo: seductor hasta en los últimos momentos, amoral, solitario, egoista, genial músico. Una delicia de libro.
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    Bernard Marie Koltés: Roberto Zucco
    (El Público) Parece lógico que este sea el primero de los libros reseñados puesto que su personaje protagonista le da nombre y me lo presta a mí para titular este blog. R.Z. es una obra teatral escrita por el francés Bernard Marie Koltés, muerto hace años víctima del SIDA. Es finalmente la historia de un personaje extraño y complejo, capaz de asesinar a su propia madre y de hablar como un personaje de la Ilustración. Ese es precisamente el estilo del autor: capaz de describir un ambiente de cloaca con la más sutil de las poesías. Se trata de una suerte de tragedia rabiosamente contemporánea, llevada al teatro por Peter Stein, y en España por Lluis Pasqual, entre otros. (Hay una versión cinematográfica de Cédrik Kahn, realizada en 2001, perfectamente prescindible). Para mí es la mejor obra de Koltés, a pesar de que "La soledad de los campos de algodón" y "Muelle Oeste" también representaron importantes hitos en la escena de los últimos años del pasado siglo. Koltés está enterrado en una tumba del Cementerio de Montmartre, en París. Me la encontré por casualidad una mañana fría y húmeda. Sentí una gran emoción.

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